La cosmovisión hindú describe un cosmos infinito compuesto de una arquitectura viva, estratificada y vibrante de realidades superpuestas en donde la materia es apenas la corteza de un sistema infinitamente más sutil.
En la visión revelada de los Vedas y los Puranas, como el Śrīmad-Bhāgavatam, el Vishnu Purana o el Caitanya Caritamrta, el cosmos se organiza en múltiples planos de existencia llamados lokas, que son mundos en donde cada uno posee su propia densidad, tiempo, leyes y habitantes, así comosu disposición en los respectivos universos que los alberga, los brahmāṇḍas.
De este modo el hinduismo no se limita a sostener la idea de que únicamente existe nuestro universo, ni tampoco a transmitir la afirmación de que este mundo fue creado de forma instantánea o casi mágica en un número arbitrario de días; más bien, propone explicaciones profundamente complejas y detalladas sobre su origen y evolución, abordando escalas de tiempo colosales en las que interactúan las más diversas leyes y fuerzas.
Así, adelantándose por miles de años a la física cuántica y a la teoría de las cuerdas, e incluso al propio y bien conocido Big Bang, el hinduismo nos enseña que el universo nació producto de una gran explosión cósmica, la cual no solamente dio origen a nuestro universo, sino que también a incontables universos que se extienden a lo largo y ancho de un vasto océano cósmico que se compone por billones y billones de sistemas planetarios.
Metafóricamente se afirma que todos estos universos se comportan como burbujas que flotan y se expanden en un espacio infinito, estando una al lado de otra, sin límites ni fronteras visibles como si fuese una danza eterna de expansión y coexistencia. De hecho, uno de los motivos artísticos más recurrentes dentro del hinduismo es la representación del Dios Vishnu (la Deidad rectora y encargada de preservar y mantener los universos) descansando en el océano cósmico de la creación material mientras a su alrededor se despliegan cientos e incluso miles de burbujas, ilustrando así la inmensidad y multiplicidad de los planetas y universos que coexisten con el nuestro, lo que nos recuerda exactamente al "Multiverso Cuántico" postulado por varias ramas de la ciencia moderna.
Por si fuera poco, los textos sagrados nos enseñan que estos universos poseen una duración predeterminada, pues, conforme a las propias leyes de la naturaleza material, eventualmente colapsarán y serán destruidos. Y tras este proceso se establecerán las condiciones necesarias para que tenga lugar otra gran explosión, dando lugar al nacimiento de nuevos universos. De acuerdo a los textos sagrados se estima que cada universo material tiene una duración de 311.040.000.000.000.000 (trescientos once mil cuarenta billones) de años, lo que se conoce como “Mahā Kalpa” (Gran Ciclo), que comprende 100 años de la vida del Señor Brahmā (el Dios encargado de la configuración material).
Esta cifra resulta exorbitante para nosotros, pero en el tiempo de los Dioses, quienes moran en un plano totalmente diferente, con otras leyes y fuerzas, es un lapso de tiempo cortísimo. Para ponerlo en perspectiva: un solo día en el plano o mundo de Brahmā equivale a 4.320.000.000 (cuatro mil trescientos veinte millones) de años terrestres. Por lo tanto, el Mahā Kalpa, que para nosotros se traduce en trescientos once mil cuarenta billones de años, para Brahmā son apenas 100. Y para Krishna, quien mora en un plano todavía superior; 100 años de Brahmā duran menos de un segundo, reflejando su magnitud y majestuosidad.
Lo notable de todas estas enseñanzas radica en su sorprendente correspondencia con teorías modernas. Renombrados científicos en campos tales como la astrofísica y la mecánica cuántica, entre ellos Stephen Hawking, han planteado que el Big Bang no dio origen únicamente a nuestro universo, sino que también a una cantidad potencialmente infinita de universos, y que incluso el propio Big Bang fue uno entre muchas explosiones que acontecieron de forma simultánea. Y es más; los científicos también postulan que todos estos universos, incluyendo el nuestro, colapsarán y se destruirán (Big Crunch), para luego volver a nacer, lo que en conjunto denominan Big Bounce, que es un ciclo eterno en donde los universos nacen, mueren, y luego vuelven a nacer, tal como afirma el hinduismo con el Mahā Kalpa.
De esta manera, lo que para la ciencia moderna es una hipótesis basada en observaciones y cálculos matemáticos, para el hinduismo constituye un conocimiento ancestral revelado directamente desde fuentes divinas.
Y por las mismas razones es que específicamente encontramos una gran estatua del Dios Shiva (el Dios encargado de disolver la existencia material) en el CERN (La Organización Europea para la Investigación Nuclear), que es el laboratorio de física más grande del mundo y el lugar en donde reposa el colisionador de hadrones (LHC). La estatua en sí representa al Señor Shiva en su manifestación como "Naṭarāja" o “Rey de la Danza” , que lo muestra bailando en un estado extático y furioso mientras se halla rodeado por aros de fuego. De acuerdo a los textos sagrados, la Danza de Shiva simboliza el flujo perpetuo de energía que recorre el universo: un pulso rítmico que sostiene todo el orden material. Cuando la danza cesa, todo retorna al caos primigenio; y cuando se reanuda, el universo completo renace, recordando así que la existencia no es sino el compás sagrado de la energía divina en perpetuo movimiento.
Así, colmado en ímpetu, fuego y pulsaciones cósmicas y subatómicas en donde cada gesto refleja el latido mismo del universo en su perpetuo ciclo de creación y disolución, Shiva danza eternamente. Y esto refleja lo que los científicos del CERN han corroborado y comprendido: el universo funciona según ritmos y ciclos, tal como una danza en donde la energía se despliega, se transforma y se renueva constantemente con partículas que surgen y desaparecen en un ritmo continuo, semejante a una danza furiosa sin principio ni fin.
La mecánica cuántica, la física de partículas y el estudio de la materia y la energía, son campos que precisamente aborda la cosmología de Shiva en su manifestación como Naṭarāja, convergiendo así con leyes y descubrimientos de la ciencia moderna.
Así, el hinduismo enseña y predica la existencia de multiversos extendidos a lo largo y ancho de un vasto océano cósmico de billones y cuatrillones de sistemas planetarios, detallando cómo se originan, cómo se estructuran internamente y cuál es su relación con la fuente última de la que todo procede.




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