"La Última Tentación" es una obra literaria del famoso escritor griego, Nikos Kazantzaki.
Este es un libro que lleva la fe cristiana al límite, jugando atrevidamente con pasiones y perspectivas controversiales de un relato que todos conocemos de sobra, seamos o no seguidores de esta religión.
Catalogada como blasfema, e incluso añadida al Índice de los Libros Prohibidos del Vaticano, la obra fue censurada en muchos países del mundo, al igual como aconteció con su posterior adaptación cinematográfica (dirigida por Martin Scorsese y protagonizada por Willem Dafoe).
A ratos puede que La Última Tentación tenga un gustito al "Código Da Vinci" de Dan Brown, como para dar alguna referencia, pues aquí también convergen temas controversiales relacionados con la imagen de Jesús, como por ejemplo:
- Su cercanía con María Magdalena;
- Si tuvo o no tuvo hijos;
- Si fue o no fue crucificado;
- Y su propia relación con Judas Iscariote, a quien muchos ven como un simple traidor, y otros, leyendo entre líneas, como el discípulo más cercano e importante de todos.
Como narrativa, el libro de Nikos Kazantzakis es fabuloso e interesantísimo de principio a fin, tomando elementos de textos gnósticos, apócrifos y reinterpretaciones del propio autor. Y lejos de ser una simple obra ficticia, como los devotos argumentan, su trama recoge y reinterpreta elementos que ya habían sido expresados en escritos que, por razones teológicas y políticas, fueron censurados y relegados al olvido.
Eso sí, puede que su primera parte resulte un tanto lenta o difícil de seguir debido a las descripciones interminables y su ritmo pausado. Sin embargo, al llegar a la mitad del mismo, la narrativa toma un giro fenomenal con una prosa que se agiliza y se vuelve cada vez más absorbente.
De igual modo, al alejarse completamente de las historias bíblicas que todos conocemos, la trama de La Última Tentación genera una importante cuota de intriga, ya que al modificar y reinterpretar los acontecimientos originales el lector nunca sabrá lo que viene a continuación, y de allí que el libro me recuerde tanto al Código Da Vinci.
En la presente publicación se entrega un análisis y reseña de la obra, así como un estudio contextual que sustenta su trama.
A lo largo de más de dos mil años, la figura de Jesucristo ha estado evolucionado de forma constante, adaptándose a las distintas corrientes religiosas y culturales que lo han estudiado.
Y precisamente, esta transformación ha dado lugar a innumerables debates, interpretaciones y especulaciones que siguen vigentes hasta nuestros días.
¿Y quién es Jesús? No importa que se trate de un personaje ficticio o de un humano que fue divinizado por motivos geopolíticos, o incluso que de verdad se haya tratado de un verdadero mesías celestial: si de algo podemos tener certeza, es que desde los primeros siglos de la Era Cristiana mucho se ha dicho sobre su vida e imagen.
Y más allá de la versión oficial del Nuevo Testamento, existen fuentes antiguas que presentan perspectivas radicalmente distintas sobre su vida, algunas de las cuales fueron descartadas o suprimidas por la ortodoxia cristiana y los primeros compiladores romanos.
Entre estas fuentes se encuentran evangelios apócrifos, textos gnósticos y tradiciones esotéricas que ofrecen versiones alternativas sobre la historia de Jesús.
Por ejemplo, algunas de estas fuentes sugieren que mantuvo una relación amorosa con María Magdalena, mientras que otros presentan a Judas Iscariote no como un traidor, sino como el discípulo de mayor lealtad, convicción y entendimiento, y que por lo mismo Jesús lo escogió para cumplir con aquella tarea tan delicada: la traición. Más aún, ciertos escritos afirman que Jesús no fue crucificado, sino que otra persona tomó su lugar, desafiando así la narrativa tradicional que nos entrega el cristianismo.
Todas estas interpretaciones y fuentes encuentran un eco poderoso en La Última Tentación de Nikos Kazantzakis.
En este libro, Kazantzakis reconstruye y reinterpreta la vida de Jesús desde una perspectiva profundamente humana, explorando sus dilemas internos, sus luchas espirituales y la tensión entre su divinidad y su naturaleza terrenal. La novela sugiere que Jesús, como cualquier otro ser humano, experimentó dudas, miedos y tentaciones, y que su sacrificio no fue una decisión automática o predestinada, sino una elección consciente y dolorosa.
Por su puesto, La Ultima Tentación se alimenta de todas estas fuentes a las cuales nos hemos estado refiriendo, ya que la trama del libro no responde a inventos gratuitos de su autor, sino que de textos milenarios y tangibles, destacando:
1. El Evangelio de Judas Iscariote.
2. El Evangelio Apócrifo de María Magdalena.
3. El Evangelio de Felipe.
4. El Evangelio de Bernabé.
5. El Segundo Tratado del Gran Set.
6. El Apocalipsis de Pedro.
7. Y El Corán.
El primero fue encontrado en la ciudad de Minya, en Egipto, a comienzos de la década de 1970, habiendo permanecido cerca de 1800 años en el más absoluto desconocimiento.
Este evangelio relata que Judas Iscariote no actuó por traición, sino que recibió instrucciones directas de Jesús para entregarlo a los romanos, desempeñando así un papel crucial en el cumplimiento de su destino.
En lugar de ser el villano de la historia, Judas es presentado como el discípulo más cercano e inteligente de los 12, y el único que comprendió realmente la verdadera misión de su maestro.
Y si bien es cierto que este manuscrito fue descubierto décadas después de haberse publicado La Última Tentación de Kazantzakis, lo cierto es que su contenido ya había sido debatido desde hace siglos, pues la reinterpretación del papel de Judas y su relación con Jesús no eran del todo nuevas, sino que se basaban en antiguas corrientes gnósticas y en especulaciones teológicas que circulaban desde los primeros siglos del cristianismo.
Por ejemplo, el manuscrito descubierto en 1970 ha sido fechado en el año 280, según el análisis de sus materiales, el desgaste y las características de su redacción y gramática. Sin embargo, ya en el año 180, es decir, 100 años antes, el sacerdote cristiano Ireneo advertía sobre la existencia de este texto, al que calificó de herético.
Esto sugiere que, aunque la copia hallada en Egipto data del año 280, es muy probable que versiones anteriores hayan estado circulando muchas décadas o siglos antes. De hecho, es posible que este documento sea una traducción de un manuscrito aún más antiguo, lo que refuerza la idea de que su contenido ya formaba parte de los debates teológicos en los primeros tiempos del cristianismo, y que de alguna u otra forma se han continuado transmitiendo desde entonces.
En esencia, el Evangelio de Judas presenta una visión radicalmente distinta de la narrativa tradicional: Jesús encomienda personalmente a Judas la misión de entregarlo, ya que esta aparente traición es el detonante necesario para que se cumpla su destino.
Según este texto, el sacrificio de Jesús no sería posible sin la intervención de Judas, quien, lejos de ser un traidor, se convierte en un instrumento esencial en el plan divino.
Sin su acción, no habría crucifixión, ni resurrección, ni el cumplimiento de la redención de los pecados, lo que lo posiciona como el discípulo más comprometido con la verdadera misión de su maestro, y que otros probablemente hubiesen rechazado.
En el texto también se lee que Jesús le confiere esta misión por su entendimiento y lealtad superior; Judas posee un profundo conocimiento sobre la religión y los temas espirituales, a diferencia de los 11 discípulos restantes que parecen no entender la misión del mesías y que sólo están interesados en aspectos materiales o superficiales. Entonces, solo Judas era psicológica, intelectual y espiritualmente apto para llevar a cabo el acto de traición, pues se insiste; sin Judas no hay crucifixión ni resurrección, que son las bases del cristianismo.
Otro punto importante es que Jesús mismo le advierte las consecuencias de este acto:
“Serás maldecido por generaciones.”
Estas palabras reflejan la paradoja central del texto: Judas cumple la voluntad de su maestro y, sin embargo, es condenado por la historia.
A criterio personal recomiendo y creo muy importante, que antes de adquirir La Última Tentación, lea y estudie el Evangelio de Judas Iscariote para así entender el contexto plasmado por Kazantzakis.
De hecho, varias corrientes gnósticas y cristianas primigenias intentaron reivindicar la figura de Judas Iscariote en los primeros siglos del cristianismo. Sin embargo, todas estas interpretaciones fueron perseguidas, censuradas y finalmente erradicadas por la ortodoxia emergente.
Cuando los escribas romanos compilaron y consolidaron el canon bíblico en el Concilio de Nicea en el año 325, el Evangelio de Judas fue deliberadamente excluido junto con otros textos que ofrecían perspectivas alternativas sobre la vida y el mensaje de Jesús. De esta manera, la versión oficial de los hechos, en la que Judas es retratado como el gran traidor, prevaleció y se impuso como la narrativa dominante dentro del cristianismo.
Por su parte, el Evangelio Apócrifo de María Magdalena fue descubierto a fines del siglo XIX en Akhmim, Alto Egipto, en conjunto con otras obras gnósticas que también fueron rechazadas y censuradas, como el "Evangelio Apócrifo de Juan", "La Sofía de Jesucristo", y un resumen de la "Ley de Pedro".
En esencia, el Evangelio de María Magdalena desafía la imagen tradicional impuesta sobre su persona, presentándola como una mujer de gran inteligencia y comprensión espiritual en lugar de una simple prostituta.
Por ello, Jesús no solo la integra en su círculo cercano de seguidores, sino que le otorga un papel destacado, lo que sugiere que su mensaje buscaba impulsar una estructura más equitativa o incluso matriarcal, promoviendo la participación activa de la mujer en la enseñanza y la religión.
En consecuencia, se desprende que la versión canónica de la Biblia, que la retrata como una pecadora redimida, fue una construcción posterior destinada a desacreditar su figura y reforzar un modelo religioso patriarcal en el que la autoridad y el liderazgo permanecieran en manos exclusivas de los hombres.
El libro comienza con María Magdalena revelando a los discípulos una enseñanza inédita que Jesús le enseñó antes de morir; un conocimiento espiritual que ninguno de los doce había escuchado antes.
Entre celos y desconfianza, los discípulos se indignan y la confrontan, argumentando que aquellas enseñanzas no podían haber provenido de Jesús, cuestionando igualmente el hecho de que el Mesías compartió esa información con ella y no con el resto, lo que desata la especial molestia de Pedro y Andrés.
Encarada y confrontada, María Magdalena rompe en llanto, abatida por la incredulidad y el rechazo de sus compañeros. Pero el discípulo Levi interviene en su defensa y reprocha la actitud de los demás, en especial de Pedro y Andrés. Así, Levi les recuerda que Jesús mantuvo un vínculo mucho más estrecho con María Magdalena y que llegó a amarla más que a nadie:
"Entonces María se echó a llorar y dijo a Pedro: «Pedro, hermano mío, ¿Qué piensas? ¿Supones acaso que yo he inventado estas cosas por mí misma o que miento respecto al Salvador? Entonces Leví intervino y dijo a Pedro: «Pedro, siempre fuiste impulsivo. Ahora te veo luchando contra una mujer como si fuera nuestro adversario. Sin embargo, si el Salvador la hizo digna, ¿Quién eres tú para rechazarla? Bien cierto es que el Salvador la conoce perfectamente; por esto la amó más que a nosotros".
Al final del texto se desprende que el conflicto probablemente no se resolvió, y que los doce discípulos no entendieron o no aceptaron la revelación de María Magdalena.
Esto invita a cuestionar lo que los doce discípulos posteriormente predicaron y escribieron, y de allí que se haya decidido difamar a Magdalena como una pecadora y una prostituta.
A continuación pasamos al Evangelio de Felipe, un texto descubierto en la ciudad egipcia de Nag Hammadi en el año 1945 y cuya elaboración se sitúa entre los siglos II y III de nuestra era.
En esta obra el apóstol Felipe señala que Jesús estuvo rodeado por tres mujeres de nombre María: su madre, su hermana y su consorte:
"Tres eran las que siempre andaban con el Señor: María, su madre, María, su hermana, y María Magdalena, la que llamaban consorte suya. Su hermana, su madre y su consorte eran una María cada una".
Es interesante destacar que el texto emplea el término griego "koinōnos" (κοινωνός) para referirse a María Magdalena. Este término, que se traduce literalmente como "consorte", describe a una persona que comparte una unión o comunión profunda con otra. En este contexto, la elección de esta palabra sugiere una relación mucho más estrecha e íntima entre Jesús y Magdalena, lo que refuerza la interpretación de que ella ocupaba un lugar privilegiado entre sus seguidores.
En el mismo texto se menciona que Jesús besaba a María Magdalena, aunque el pasaje se encuentra fragmentado, lo que impide saber con certeza si el beso era en la mejilla, en las manos o en la boca. No obstante, más allá de la ubicación exacta del gesto, el evangelio deja en claro el estrecho vínculo entre ambos:
"La Sofía, a la que llaman 'la estéril', es la madre de los ángeles. La compañera del Salvador es María Magdalena. Cristo la amaba más que a todos los discípulos y solía besarla a menudo en [XXXXX]. El resto de los discípulos, al verlo, le dijeron: '¿Por qué la amas más que a todos nosotros?'. Y el Salvador respondió y les dijo: '¿Por qué no os amo a vosotros como a ella?'"
“¡Maldito sea todo aquel que, junto a mis palabras, añada que yo soy 'Hijo de Dios'!”
Y en el capítulo 216 se describe cómo Judas Iscariote es transformado milagrosamente por Dios para parecerse en carne y hueso a Jesús y tomar su lugar, mientras éste último era llevado ileso a los cielos.
"Dios obró maravillosamente, de tal forma que Judas fue transformado en la apariencia de Jesús, de modo que todos creyeron que él era Jesús. Entonces los soldados lo apresaron y lo ataron, burlándose de él, porque pensaban que era el Maestro. Y lo llevaron al Calvario, donde lo crucificaron".
Más adelante, el texto lo vuelve a recalcar:
"Jesús dijo: ‘¡Oh fieles míos! Sabed que mi castigo se acercaba, pero Dios, en su misericordia, me ha salvado y ha enviado en mi lugar a Judas, para que los malvados crean que me han dado muerte.’"
En El Segundo Tratado del Gran Set, un texto en lengua copta que data del año 200 y que también fue encontrado Nag Hammadi, se afirma que Jesús fue elevado a los cielos y que otra persona tomó su lugar, solo que no fue Judas Iscariote, sino que Simón de Cirene:
"Me vieron y me castigaron, pero otro, su Padre, bebió la hiel y el vinagre; no fui yo. Me estaban golpeando con un látigo , pero otro, Simón, llevaba la cruz sobre sus hombros. Otro llevaba la corona de espinas mientras yo estaba en lo alto, burlándome de todos los excesos de los gobernantes y del fruto de su error y vanidad. Me reía de su ignorancia".
El ya mencionado Ireneo también se refirió sobre el anterior pasaje, catalogando como herejía la creencia de que Simón de Cirene fue intercambiado por Jesús y crucificado en su lugar.
Todo lo anterior concuerda con lo plasmado en el Apocalipsis de Pedro, en donde dicho discípulo, al ver la crucifixión, se percata de que hay dos figuras de Jesús; una está clavada en la cruz, y la otra se eleva por encima de la misma:
"El que ustedes ven sobre la cruz, gozoso y sonriente, es el Jesús que vive. Pero el que está en sus manos y recibe los clavos es su parte carnal. Aquel al que insultan y traspasan es su semejanza. Mira y comprende."
Y ya el Corán, el texto sagrado de los musulmanes, afirma que Jesús (Isa en árabe) no fue crucificado realmente, sino que Dios lo salvó y lo elevó a los cielos mientras otro lo reemplazaba, o bien, que Dios creó una ilusión para engañar a sus verdugos:
"Y por haber dicho: ‘Hemos dado muerte al Mesías, Jesús, hijo de María, el Mensajero de Dios.’ En realidad, no lo mataron ni lo crucificaron, sino que les pareció hacerlo. Y quienes discrepan sobre ello están en duda, pues no tienen conocimiento certero, sino que siguen una conjetura. Y, ciertamente, no lo mataron. Sino que Dios lo elevó hacia Él".
Todos los pasajes anteriores han sido interpretados de varias maneras:
- La teoría del cambio de apariencia: Dios hizo que otro hombre tomara la apariencia de Jesús y fuera crucificado en su lugar. Entre ellos se menciona a Judas Iscariote.
- La teoría del intercambio: De alguna manera otro hombre tomó el lugar de Jesús y fue crucificado. Entre ellos se menciona a Simón de Cirene.
- Docetismo o teoría de la ilusión: Este argumento explica que Jesús abandonó su cuerpo físico al momento del arresto, elevándose a los cielos sin sufrir daño alguno. La visión docetista afirma que el cuerpo de Jesús era una simple ilusión, o dicho en palabras muy sencillas, una especie de títere sin vida ni alma que experimentó el castigo mientras la verdadera esencia quedaba intacta.
- La Última Tentación de Nikos Kazantzakis se nutre de un vasto corpus de textos apócrifos y doctrinas alternativas que han permanecido ocultas o marginadas a lo largo de la historia, como la reinterpretación del papel de Judas Iscariote, la relación de Jesús con María Magdalena y la posibilidad de que la crucifixión no haya sucedido tal como se cuenta en los Evangelios canónicos.
- Estas fuentes, que incluyen evangelios gnósticos, tratados místicos y escritos considerados heréticos y apócrifos, ofrecen una visión distinta de Jesús y de su misión, presentándolo con una humanidad más compleja y llena de dilemas existenciales.
- Entre las ramas cristianas que pregonaron y defendieron estas ideas, se destacan los cainitas, los ebionitas, docetas, valentinianos, setianos y escuelas gnósticas en general, las cuales, en su mayoría, fueron desintegradas y perseguidas. De allí que sus textos hayan pasado al olvido por tantos siglos y rechazados por la Iglesia oficial.
- Asimismo, la novela de Kazantzakis se alinea con tradiciones que enfatizan la naturaleza dual de Jesús, tanto divina como humana, y su lucha interna entre el sacrificio mesiánico y la tentación de una vida común. En este sentido, Kazantzakis no solo se inspira en la literatura apócrifa, sino que también da vida a un Jesús que encarna la tensión entre el destino impuesto y el deseo de autodeterminación.
- Narrativamente, la novela logra entrelazar de manera armónica cuatro dimensiones fundamentales: lo especulativo, lo religioso, lo histórico y lo ficticio:
- Por un lado, el mundo especulativo se manifiesta en la reinterpretación de los dogmas tradicionales, explorando posibilidades y perspectivas que desafían la visión canónica del cristianismo, independientemente si vemos a Jesús como un mito, como un fraude o como un mesías verídico y real.
- El mundo religioso se manifiesta porque, pese a tener un carácter blasfemo y desafiante, la novela no reniega de la espiritualidad ni de la misión final de Jesús, sino que la aborda desde ángulos distintos a los establecidos por la doctrina y el dogma, lo que sirve para introducirnos en la mente de Jesús y de sus apóstoles en momentos cruciales del relato bíblico.
- Así mismo, el mundo histórico sirve de base para la ambientación de la obra. A través de un minucioso trabajo de reconstrucción, Kazantzakis da vida a la Palestina del siglo I, reflejando con precisión sus costumbres, tensiones políticas y conflictos culturales. Esta fidelidad histórica ancla la narración en un contexto verosímil, dotando de realismo a los eventos y personajes. El libro también aporta datos fascinantes que suelen ser poco conocidos, como la posible vinculación de Judas Iscariote con un grupo rebelde de la época: los Sicarios de Judea. Esta facción armada, disidente y patriótica, buscaba expulsar a los romanos de la región y eliminar a los judíos colaboracionistas mediante tácticas de guerrilla y asesinatos selectivos. Kazantzakis presenta a Judas como un miembro de este grupo.
- Y así es como llegamos al último mundo, el ficticio, que funciona como el hilo conductor que permite amalgamar todos estos elementos en una obra literaria coherente y poderosa. Kazantzakis fue un genio y un escritor tremendamente culto y bien documentado, pues toma los elementos reales, religiosos y especulativos y los entrelaza con la ficción, encajando así cada pieza en su universo narrativo.
Desde su publicación se dice que presiones eclesiásticas pudieron haber influido en el comité del Premio Nobel de Literatura para impedir que Kazantzakis recibiera el máximo galardón pese a todos sus méritos.
Cuando Albert Camus recibió el Premio Nobel de Literatura dijo:
"Kazantzakis merecía este honor cien veces más que yo."
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