- Introducción
La Cábala es una corriente mística y esotérica surgida dentro de la religión hebraica, y que tiene por finalidad la comprensión y el estudio de los aspectos ocultos de la existencia humana a nivel espiritual, energético y divino.
La Cábala funciona básicamente como una herramienta o lenguaje que plasma y mapea diversos conceptos metafásicos que, de otro modo, podrían resultar abstractos o difíciles de comprender para nuestros sentidos mundanos. Para ello la Cábala se sirve de un complejo sistema de símbolos, correspondencias, letras y valores numéricos mediante los cuales se busca representar y relacionar los distintos niveles de la existencia.
Este sistema nació con varios nombres entre los intelectuales israelitas que necesitaban reentender y descifrar ciertos pasajes enigmáticos del Antiguo Testamento tales como la visión de Ezequiel 1, en donde el profeta observa que los cielos se abrieron para dar cabida a la aparición de entidades terribles con formas de ruedas y miles de ojos, así como de seres angelicales con cabezas de animal, todo acompañado de fuegos y estruendosos relámpagos, y encima de todos un ser con forma de hombre en un trono.
Esto provocó que los intelectuales judíos se realizaran una serie de interrogantes; ¿Era posible que Ezequiel hubiera experimentado realmente un contacto con una dimensión espiritual inaccesible a los sentidos ordinarios? ¿Aquellos seres constituían entidades reales de un mundo celestial? ¿O las imágenes descritas por el profeta representaban, mediante un lenguaje simbólico, una estructura oculta del cosmos y de la realidad divina?
El profeta Enoc fue otro antecedente importantísimo para la formación de la Cábala, porque, al igual que Ezequiel, la tradición enóquica aportó un conjunto de ideas sobre entidades celestiales, secretos cósmicos, leyes sobrenaturales y angelología. Es más, a Enoc se le atribuyó la composición de una serie de libros que llevan su nombre y en donde se describen sus viajes por los cielos, sus encuentros con ángeles y la estructura del universo. El propio Génesis afirma que Enoc desapareció de la Tierra al ser llevado por Dios, lo cual no implica muerte. Entonces; ¿Fue trasladado físicamente al cielo? ¿Experimentó una ascensión espiritual? ¿Tuvo acceso a las regiones celestiales? ¿Qué símbolos oculta el relato?
Entendiendo los dos puntos anteriores se debe señalar que, durante sus primeros siglos de desarrollo por allá en los tiempos del Antiguo Israel, aquello que posteriormente conoceríamos como "Cábala" todavía no recibía este nombre como tal, sino que se le llamaba Tradición Merkavá (del Carro Celestial) o Hekhalot (del Palacio Celestial), en relación a las visiones y acontecimientos narrados por estos profetas, y no fue hasta la Edad Media, especialmente entre los siglos XII y XIII, cuando diferentes corrientes y tradiciones místicas del judaísmo comenzaron a integrarse sistemáticamente para luego renacer como Cábala. Entendiendo esto el lector sabrá que estoy empleando la palabra "Cábala" de forma retrospectiva si me refiero a los tiempos del Antiguo Israel. Por ejemplo, si digo que la Cábala ya existía hace 2.500 años, la respuesta es sí y no, pues efectivamente había una corriente esotérica dentro del judaísmo en aquel minuto, pero no recibía ese nombre y todavía no se sistematizaba como luego lo hizo en tiempos medievales.
Otros relatos enigmáticos del Antiguo Testamento, algunos asociados a Isaías, Daniel o Elías también contribuyeron a la formación de la Cábala original, así como la Ma'aseh Bereshit o Creación del Universo, en donde los sabios se cuestionaron e intentaron descifrar la forma en la que se pudo haber llevado a cabo la creación. Tradicionalmente al rey bíblico Salomón también se le relaciona con la práctica y el estudio de un sistema ceremonial basado en la magia, la teúrgia y la goecia, lo que aumentó el interés de los intelectuales hebreos en cuanto a las artes esotéricas y la necesidad de estudiar el cosmos desde una perspectiva más espiritual y metafísica. A esto se le suma el hecho de que muchos intelectuales de la religión hebrea entendían que sus libros sagrados, en lugar de narrar hechos literales, representaban personajes y acontecimientos alegóricos y metafóricos que uno debía descifrar para comprenderlos.
Por supuesto, en sus primeros tiempos la Cábala se vio influenciada por elementos y creencias que giraban alrededor de la nación israelí, principalmente provenientes de Egipto, Babilonia y Asia Central. Por ello su desarrollo no estuvo exento de controversias dentro del propio judaísmo, ya que, mientras determinados sectores rabínicos terminaron integrando la tradición cabalística en su pensamiento religioso, otros mostraron reservas o simplemente rechazaron determinadas doctrinas y prácticas asociadas a ella, como acontece con temas relacionados a la numerología, la astrología y la elaboración de amuletos, habiendo numerosa existencia arqueológica y literaria de sus prácticas dentro de Israel.
Ya durante la Edad Media, todos aquellas tradiciones místicas del judaísmo como la Merkavá, la Hekhalot y la Ma'aseh Bereshit comenzaron a ser estudiadas por personas externas al mundo judío, provocando que se integraran y masificaran entre cristianos y esotéricos. A esto se le suman los intercambios culturales y las migraciones masivas que acontecieron producto de las Cruzadas y el resurgimiento de las tradiciones greco-árabes. Para el siglo XIII, el misticismo judaico ya era conocido como Cábala, y en el Renacimiento se incorporó e integró a movimientos esotéricos de diversas vertientes, como el neoplatonismo, la alquimia, el hermetismo, la magia ceremonial, y más tarde, la masonería y el tarot, además intensificar su relación con la astrología y la numerología que ya se venían acarreando desde hace siglos.
De hecho, varios de los pilares fundamentales de la Cábala alcanzaron su punto cúlmine de desarrollo en este período de tiempo, como lo respectivo al Árbol de la Vida, la Rueda de la Creación, las Sefirot, la Gematría o Numerología hebrea, el Infinito o Ein Sof, el Mazzalot u Horóscopo hebreo, el Ḥokhmat ha-Ṣeruf o Sabiduría de la combinación de letras, la Ma'asit o práctica ritual, así como la redacción de algunos de sus principales libros; Sefer ha-Bahir, Sefer ha-Zohar, Sefer ha-Rimmon, Pardes Rimonim, Ma'arekhet ha-Elohut, Sefer ha-Peli'ah, Ginat Egoz, Sha'arei Orah y Sefer ha-Kanah.
Esto hace de la Cábala una fascinante y muy rica ciencia mística dotada de conceptos y paralelismos enriquecedores, independientemente de que determinados sectores del judaísmo rechacen o aprueben su práctica y/o sus posteriores relaciones sincréticas con otros sistemas. De hecho, esto hizo que se formaran dos tipos de Cábala; la esotérica u ocultista, y la tradicional o hebrea.
Sin embargo, lo que no se puede negar es que, desde una perspectiva profunda y libre de fanatismos y sesgos, todas las religiones del mundo transmiten un mismo principio esotérico, tal como si estuviesen entrelazadas a través de un hilo conductor en común, pero variando únicamente en el contexto cultural en que nacieron. Y en este sentido, la Cábala puede ser entendida como una herramienta particularmente poderosa para descifrar los enigmas del universo y hacer una convergencia de todo aquello que nos rodea.
- Antecedentes Históricos
"Cábala" procede del hebreo "קַבָּלָה" (Qabbālāh o Kabbalah), y su significado literal está relacionado con "recepción", "lo recibido" o "tradición recibida", ya que deriva de la raíz hebrea de "ק־ב־ל" (Q-B-L), y cuyo sentido fundamental tiene que ver con RECIBIR.
El nombre fue escogido porque la palabra describe la forma en la que se concibe este conocimiento en particular; como una tradición que no se inventa, sino que ya existe. Es como si el místico tuviese la misión de emplear sus herramientas y recursos para decodificar la realidad y RECIBIR respuestas y conocimiento.
Dentro de esta concepción, elementos como el Árbol de la Vida, las Sefirot, la numerología sagrada y, de manera particularmente fundamental, el alfabeto hebreo, pueden ser concebidos como verdaderos sistemas de codificación y decodificación de la realidad metafísica: estructuras simbólicas mediante las cuales el universo, sus leyes y las fuerzas o emanaciones divinas pueden ser interpretados, articulados y traducidos al lenguaje humano.
De este modo entendemos que la Cábala tiene el objetivo de penetrar en los aspectos ocultos de la existencia para RECIBIR un conocimiento que ya existe, pero que uno, atado a la dimensión material y mundana, no distingue ni logra apreciar.
Los números y las matemáticas son uno de los lenguajes universales que la Cábala transmite, pues se nos afirma que tanto el cosmos como lo divino se manifiestan y estructuran a través de números. Si pudiéramos decodificar completamente la realidad que nos rodea, descubriríamos que detrás de la diversidad de formas, movimientos, fenómenos y leyes, existen relaciones matemáticas, proporciones y patrones bien definidos. Y desde hace miles y miles de años, la numerología y la geometría sagrada, que se hayan presentes en cada rincón del planeta, se han empleado para comprender las relaciones matemáticas y los patrones numéricos que estructuran al universo.
Más tarde, distintas religiones y tradiciones filosóficas incorporaron también el sonido y la música a este lenguaje matemático y geométrico. Si los números podían expresar las proporciones y estructuras del cosmos, el sonido podía representar su dimensión vibratoria. Las notas musicales, los intervalos y las proporciones armónicas comenzaron a ser vistas como una manifestación audible de un orden universal.
Por ejemplo, la Cábala nos dice que el universo fue creado por medio de 22 sonidos primigenios con los cuales el mundo, el cielo y el tiempo se tallaron. Estos 22 sonidos se representaron a través de las 22 letras del alfabeto hebreo, y que corresponden, simultáneamente, a los 22 Arcanos Mayores del Tarot. Por lo tanto, el Cabalista estudia los números y el alfabeto hebreo como una forma de retroceder en el tiempo y comprender las fuerzas que crearon la realidad.
El alfabeto germánico o vikingo es otro ejemplo clásico de dicho sistema, pues allí se nos afirma que cada letra, llamadas "runas" (que de la antigua lengua nórdica se traduce como "secreto", y eso no es casualidad), posee un poder, una cosmogonía y un elemento asociado a fuerzas superiores y conceptos mágicos y metafísicos. Incluso las creencias escandinavas nos afirman que las runas fueron RECIBIDAS por parte de Odín, el Dios supremo de las religiones nórdicas, quien las trajo desde un plano dimensional distinto al nuestro para que los humanos pudiésemos acceder a la sabiduría y al conocimiento sagrado. Coincidentemente la cifra es casi exacta con la hebrea, pues son 24 las runas vikingas, y 22 las letras israelíes.
Los Papiros Mágicos del Antiguo Egipto también se encuentran repletos de fórmulas, invocaciones, nombres y combinaciones de letras cuyo poder se concebía en función de las propiedades ocultas que les eran atribuidas, todas siendo representantes de la Maat o el Orden Cósmico. No por nada resulta interesante el hecho de que el Dios egipcio de la magia, el conocimiento oculto, la filosofía, la ciencia y la iniciación esotérica, sea también el Dios de la escritura y las letras; Thot, de quienes los egipcios afirman haber RECIBIDO el alfabeto.
Otra correspondencia significativa acontece con los griegos, quienes, de la mano de Pitágoras, desarrollaron la "Música de las Esferas", afirmando que los movimientos celestes guardan proporciones matemáticas y que cada nota musical y letra constituye una expresión sonora de dichas proporciones. De este modo, los astros, los planetas y las distintas esferas celestes no se encontrarían simplemente desplazándose de manera arbitraria por el firmamento, sino que participarían de una armonía cósmica semejante a la de una gigantesca composición musical en la que el ser humano también forma parte.
En el hinduismo encontramos el Nāda-Brahman o Sonido Absoluto, una concepción metafísica que afirma que ciertas combinaciones de letras generan efectos que destinados a canalizar y producir efectos específicos mediante su vibración. De allí que los sabios hindúes hablen de las "bīja" o sílabas semilla: sonidos primordiales que constituyen un rastro o una memoria de la creación del universo, así como una forma en la que los Dioses y ciertas energías o fuerzas se comunican. Famoso es por supuesto el caso del "Oṃ" (ॐ), que se considera la semilla madre primordial.
Esto hizo que la Cábala no siempre fuese bien recibida o bien vista por parte de los sectores más conservadores y ortodoxos del judaísmo, sobre todo cuando en los siglos previos al Renacimiento comenzó a ser estudiada y tomada por otras disciplinas. Mientras algunos rabinos y estudiosos la consideraron una profundización legítima de la tradición hebrea, así como una vía para acceder a sus dimensiones más profundas, otros la contemplaron como una práctica que incorporaba elementos ajenos a la tradición israelí o como una forma de superstición. De allí que, como mencioné anteriormente, hubo un quiebre entre la Cábala hebrea y la esotérica.
Incluso los cristianos del medioevo también se impregnaron de la Cábala y de los movimientos esotéricos del judaísmo. En sus primeros siglos de existencia, antes de sistematizarse como religión imperial, los cristianos abrazaron libros como los de Enoc o los de la tradición gnóstica, lo que aumentó su interés por las doctrinas esotéricas y el desciframiento de las escrituras, porque, al igual que los judíos, muchos autores importantes del cristianismo también afirmaron que la Biblia no debía tomarse de manera literal.
Pero luego, una vez que el cristianismo se puso al servicio de los intereses Estatales de Roma, pasó a transformarse en un instrumento imperial de represión, persecución, censura y genocidio cultural, haciendo del judaísmo uno de sus principales blancos.
Así, lo que empezó como una religión noble y de influencia mística, se transformó en una mano represiva al servicio de los emperadores romanos, haciendo que los antiguos cultos del mundo helénico, así como el propio judaísmo, sufriera restricciones y persecuciones. Los templos helénicos y judíos fueron clausurados, saqueados y reformados, y a sus seguidores se les aplicaron sanciones y castigos socioeconómicos.
Esto produjo una paradoja histórica particularmente interesante: el mismo cristianismo que en sus primeros siglos había sido una corriente minoritaria que se nutría de la tradición judía y del pensamiento mediterráneo, terminó convirtiéndose en uno de los principales instrumentos ideológicos del Imperio que lo oprimía. Y a partir de entonces, aquello que anteriormente había sido diversidad religiosa pasó progresivamente a considerarse, desde el nuevo orden cristiano, como paganismo, herejía o desviación doctrinal.
En la Europa cristiana, los judíos fueron una minoría oprimida y subyugada, aunque existió hacia ellos un cierto grado de tolerancia, ya que, a diferencia de las religiones helénicas, los cristianos vieron en los judíos un antecedente religioso propio, por lo que, aunque marginados, se les permitió existir. ¿Razones? Sus Escrituras eran también las Escrituras cristianas; sus profetas eran considerados verdaderos profetas; y la historia de Israel constituía, desde la teología cristiana, una parte fundamental de su propia historia.
Por esta razón, aunque el judaísmo fue rechazado teológicamente y sus comunidades estuvieron sometidas a la marginación y a numerosas restricciones, no se buscó simplemente su desaparición y erradicación, como ocurrió progresivamente con los antiguos cultos helénicos.
La paradoja es que el cristianismo también heredó, incorporó y reinterpretó una enorme cantidad de elementos procedentes del judaísmo esotérico, tales como la Merkavá y la Hekhalot (que como vimos, fueron los estudios místicos en cuanto a las visiones de Ezequiel y Enoc) o la Ma'aseh Bereshit (estudios sobre la creación del Universo). Posteriormente incorporaron elementos de la filosofía judía helenística, principalmente derivados del platonismo, así como estudios metafísicos relacionados con la demonología cristiana y sus propias concepciones sobre el cielo, los ángeles y las jerarquías celestiales.
Con el inicio de las Cruzadas, como ya se dijo, el judaísmo europeo se vio nuevamente afectado por una oleada de violencia religiosa. Durante la Primera Cruzada, iniciada en el año 1096, los cruzados atacaron y masacraron comunidades judías en distintas ciudades de Renania, particularmente en Worms, Maguncia y otras localidades del Sacro Imperio. Estos acontecimientos marcaron uno de los episodios más violentos de la historia de las comunidades judías medievales en Europa, y pocos años después, en 1099, los ejércitos cruzados conquistaron Jerusalén, culminando la Primera Cruzada con la instauración de un dominio cristiano sobre la ciudad. La conquista estuvo acompañada de una masacre de gran parte de la población musulmana y judía que se encontraba en ella.
Para el judaísmo europeo, las Cruzadas representaron un nuevo escenario de inseguridad y persecución dentro de la Europa cristiana. Sin embargo, la violencia no significó la desaparición de las comunidades judías, pues, allí donde lograron sobrevivir, estas conservaron sus propias sinagogas, escuelas, autoridades religiosas, literatura y redes comunitarias, lo que permitió que la tradición judía continuara transmitiéndose de generación en generación. Además, durante los primeros siglos de la Europa medieval, numerosas comunidades judías lograron desarrollar extensas redes comerciales que conectaban distintas ciudades y regiones de Europa que a los cristianos no les convenía desintegrar.
Así, marginados en sus poblaciones, los intelectuales judíos encontraron un auge literario y teológico en regiones importantes como Provenza y Cataluña, en donde surgieron círculos de estudiosos judíos interesados en desarrollar una interpretación más profunda y sistemática de lo divino, del universo y de la faceta espiritual del ser humano. Ya no se trataba únicamente de describir ascensiones a los cielos o de revelar secretos sobre el mundo angelical, sino de intentar comprender la propia estructura oculta de la existencia. Los primeros cabalistas identificables del período, inmersos en la filosofía, exégesis bíblica, teología y tradición rabínica, empezaron a practicar simultáneamente una forma de misticismo especulativo.
Y fue aquí en donde aparece una de las grandes innovaciones de la Cábala: la elaboración de un complejo sistema de emanaciones celestiales que se conocerían como las Sefirot y el Árbol de la Vida, que es básicamente un diagrama energético multidimensional.
Los números, la geometría, el zodiaco y el alfabeto como herramientas de comunicación divina y decodificación del cosmos también hallaron un fuertísimo punto de estudio y desarrollo.
Una palabra, una letra, un número o incluso un detalle aparentemente insignificante dentro de un relato del Antiguo Testamento o del Talmud, podría funcionar como una especie de mapa simbólico de la realidad y esconder correspondencias con dimensiones superiores de la existencia. El trabajo del cabalista consistía, precisamente, en penetrar esos diferentes niveles de significado y descubrir aquello que permanecía oculto detrás de la apariencia literal.
Así es como se fueron componiendo alguna de las obras cabalísticas más importantes; aquellas que le dieron bases y estructuras sistematizadas a la tradición, como el Sefer ha-Bahir, el Zóhar, el Massekhet Atzilut, el Perush ha-Tefillot, el Sha'ar ha-Shamayim, el Sha'arei Orah, entre muchos otros, así como la aparición de eruditos y representantes del movimiento, entre los que destacan cabalistas como Isaac el Ciego, Azriel de Gerona, Ezra de Gerona, Moisés ben Nahmán, Abraham Abulafia, Joseph Gikatilla, Moisés de León, Isaac ben Sheshet, Isaac ben Jacob ha-Cohen, etc.
Durante el Renacimiento, la Cábala deja de ser exclusivamente un instrumento de interpretación judía basada en el Antiguo Testamento y el Talmud, y pasa a convertirse en una herramienta más universal, abierta y sincrética, siendo estudiada por filósofos y místicos de muchas vertientes, incluyendo cristianos.
Recordemos que durante el Renacimiento europeo se produjo una importante apertura intelectual y cultural en donde se creó un ambiente mucho más receptivo y tolerante hacia el estudio y la combinación de distintas tradiciones de conocimiento. En esta época, el hermetismo, el neoplatonismo, la astrología, la alquimia y otras corrientes filosóficas y esotéricas comenzaron a ser estudiadas con un interés renovado y dentro de un contexto intelectual que, en épocas anteriores, podía haberse considerado herejía y dignas de persecución y castigo. Aunque lógicamente todo esto con una condición; que la doctrina estudiada no contradijera ni cuestionara a las creencias del cristianismo o la Iglesia. Cuando un pensador o místico era considerado herético o sus ideas chocaban con aspectos fundamentales de la doctrina cristiana, podía enfrentarse a la Inquisición, tal como le ocurrió a Giordano Bruno en el 1600, ejecutado en la hoguera.
Dentro de las corrientes de la Cábala renacentista en Europa, pero ajenos al mundo hebreo, destacaron figuras como Pico della Mirandola y Johannes Reuchlin, quienes estudiaron la Cábala judía con el fin de analizarla e interpretarla desde la perspectiva de sus propias creencias cristianas. Las publicaciones de Mirandola y Reuchlin alcanzaron una importante difusión en su época y ayudaron a expandir el estudio de la Cábala más allá de los círculos judíos.
Francesco Giorgio, Heinrich Cornelius Agrippa, Guillaume Postel y Paracelso fueron otros grandes exponentes del esoterismo renacentista que ayudaron a expandir la Cábala y a incorporarla en otros sistemas místicos, tales como el hermetismo, la magia natural, el neoplatonismo, la alquimia, etc.
Esto hizo que la Cábala dejase de ser únicamente un objeto de estudio de naturaleza judaica para convertirse en una pieza de sistemas filosóficos y mágicos mucho más amplios. Tras ello se difundió el trabajo de otros importantes estudiosos de las artes esotéricas como Robert Fludd, Jakob Böhme, Athanasius Kircher, Elias Ashmole, Christian Knorr von Rosenroth, y así sucesivamente hasta llegar a la escuela del tarot cabalístico impulsado por Antoine Court de Gébelin, el Conde de Mellet, Etteilla y Éliphas Lévi, quienes combinaron el tarot con las letras hebreas, los senderos del Árbol de la Vida y la astrología.
De todos ellos, Éliphas Lévi fue uno de los nombres más respetados, influyentes y destacados del esoterismo a nivel mundial, pues fue el principal sistematizador del ocultismo en Occidente, y no solo en lo que respecta a la Cábala o el tarot, sino que también en la magia ceremonial, el hermetismo, la numerología, la astrología, las correspondencias simbólicas, etc.
De Lévi en adelante, la Cábala se transformó en un imprescindible foco de estudio para todo ocultista y buscador espiritual, siendo, al mismo tiempo, una herramienta complementaria para quienes buscan adentrarse en cualquier otro tema relacionado a las ciencias ocultas.
Por ejemplo, quien se adentra profundamente en la astrología tarde o temprano termina estudiando Cábala; del mismo modo, quien comienza a estudiar Cábala termina estudiando astrología y descubriendo sus estrechas relaciones. Quien estudia numerología o tarot termina encontrándose, en algún momento, con la Cábala, mientras que quien estudia la Cábala terminará estudiando tarot y numerología.
No por nada, todas las grandes logias y sociedades que nacieron en aquel minuto incorporaron el estudio de la Cábala como una de sus principales puntos de interés. La Cábala está presente en la Sociedad Teosófica, en la Orden Hermética de la Aurora Dorada, en el Ordo Templi Orientis, en la Orden de la Rosa Roja y la Cruz de Oro, y en las más variadas ramas de la masonería. Todos los grandes ocultistas contemporáneos y modernos la han difundido y estudiado, como Gérard "Papus" Encausse, Arthur Edward Waite, Dion Fortune, Aleister Crowley, Manly P. Hall, etc.
Eso sí, nuevamente hay que hacer una aclaración importante. El judaísmo ortodoxo no considera que la utilización de la Cábala esotérica u ocultista, es decir, la que tiene sus raíces en el renacimiento europeo, sea una continuación legítima de la Cábala hebrea, sobre todo cuando el Antiguo Testamento rechaza la práctica de ciertas disciplinas como la adivinación, la hechicería, la magia, el conocimiento egipcio, etc.
Por ello es que la Cábala se divide en dos: la judía u original, y la ocultista o esotérica.
El judío tradicional emplea la Cábala para estudiar las Sefirot, los nombres divinos, el Árbol de la Vida, las letras de su alfabeto, los mundos espirituales, o para comprender ciertos pasajes de la Biblia y el Talmud, pero no para combinarlas con el tarot, la astrología, la magia ceremonial o los Dioses egipcios, como sí hace la Cábala esotérica.
Resulta particularmente curioso que el judaísmo tradicional prohíba ciertas prácticas, pero que, al mismo tiempo, el sistema cabalístico pueda acoplarse perfectamente a ellas.
Y eso es porque, fuera de sesgos y fanatismos religiosos, la Cábala es universal; sus principios y estructuras no pertenecen a una religión o a una frontera geográfica.
Sería como si un yogui de la India sostuviera que las prácticas meditativas o que determinados ejercicios de respiración no deberían ser practicados por personas ajenas al hinduismo. El hinduismo elaboró durante siglos una extensa literatura y una compleja doctrina al respecto, pero eso no significa que una persona que no sea hindú no pueda experimentar los estados de conciencia o las experiencias espirituales que giran en torno a ello.
Una cosa es la tradición que descubre, describe y sistematiza una determinada experiencia, y otra muy distinta es afirmar que dicha experiencia pertenece exclusivamente a esa tradición.
De manera semejante, podría entenderse que la Cábala se descubrió, desarrolló y sistematizó en Israel y por autores judíos, pero ello no implica que deje de existir automáticamente fuera de aquella nación o de su sistema religioso.
Y esto no necesariamente debe entenderse como apropiación cultural, sino como un proceso de transmisión, reinterpretación y universalización del conocimiento místico; conocimiento que está disponible para cada ser humano, porque se RECIBE. Lo pudo haber recibido un judío, un budista, un sacerdote azteca, y cada uno de ellos con su propio contexto cultural y religioso.
La Cábala es un lenguaje esotérico de alcance universal.
- Principales Pilares Dogmáticos
Como esta no es una página hebrea ni judía, enlistaré algunas de las principales visiones y creencias en torno a la Cábala, sin importar si responden a la tradición hebrea o a la tradición esotérica, porque en el fondo, con prácticamente intercambiables cuando quitamos sesgos.
Las Sefirot y el Árbol de la Vida
Las Sefirot y el Árbol de la vida mapean la arquitectura interna del universo y del alma.
- Sefirot: Son diez esferas y modalidades mediante las cuales la infinitud divina se manifiesta, se articula y se hace cognoscible dentro de la existencia material. Cada Sefirot posee una propiedad o atributo determinado, constituyendo los principios que estructuran tanto el orden cósmico como la interioridad humana, y operando como potencias intermediarias entre la trascendencia absoluta de la Divinidad y la realidad manifestada. Cada Sefirot representa así una determinada cualidad de la energía o conciencia divina y, simultáneamente, un principio arquetípico que encuentra su correspondencia en el universo, en el alma y en la experiencia humana. Además, las Sefirot se distribuyen en tres columnas o pilares generales; la Misericordia, la Severidad y el Equilibrio, y sus interacciones expresan las fuerzas de expansión, contracción y armonización que gobiernan. De igual modo cada Sefirot se asocia a ciertos planetas, signos zodiacales, elementos, etc.
- Árbol de la Vida: Diagrama general de naturaleza metafísica que organiza las diez Sefirot y todas las relaciones dinámicas que existen entre ellas, desde lo absoluto supremo hasta lo material, y, en sentido inverso, desde el proceso de elevación en donde el alma del ser humano desea regresar hacia su fuente de origen. El Árbol puede asimismo contemplarse a través de los cuatro mundos de la cosmología cabalística; Atziluth, Beriah, Yetzirah y Assiah, correspondientes a distintos grados de emanación, creación, formación y acción. Así se entiende que el árbol posee 22 senderos vinculados a las 22 letras del alfabeto hebreo y a los 22 Arcanos Mayores del Tarot, confluyendo y convergiendo entre ellas por medio de las 10 esferas de poder, y acompañada de diversos símbolos complementarios tales como fuerzas planetarias, letras del alfabeto hebreo, signos zodiacales, los cuatro elementos, etc. Por su parte los cuatro mundos de la cosmología cabalística, Atziluth, Beriah, Yetzirah y Assiah, se asocian con los cuatro palos del Tarot; Bastos, Copas, Espadas y Oros, respectivamente.
Alfabeto Hebreo
Disciplina que combina valores numéricos y letras como un idioma celestial que puede utilizarse para decodificar el mundo físico.
Como ya se dijo, el alfabeto hebreo constituye mucho más que un simple sistema convencional de escritura y comunicación, pues sus 22 letras son consideradas unidades fundamentales de una memoria metafísica, y que por ende, albergan una determinada potencia espiritual que participa en la articulación del cosmos. La letra hebrea es simultáneamente signo, número, sonido y principio arquetípico; su forma gráfica, su nombre, su valor numérico y su posición dentro del alfabeto pueden indicar distintas clases de señales o conocimientos ocultos. No por nada otras culturas también predicaron lo mismo, y razón por la cual las runas vikingas se traducen como "secretos".
Las 22 letras hebreas en la Cábala representan:
Ein Sof
Ein Sof se traduce como "Infinito", y designa a la Realidad Absoluta Suprema; lo ilimitado e incognoscible de la divinidad.
Ein Sof es el principio absoluto anterior a toda manifestación, diferenciación y determinación. No posee forma, límite ni atributos que puedan ser aprehendidos por la razón humana. Ein Sof no constituye una entidad individual o antropomórfica, sino la infinitud absoluta de la realidad divina, situada más allá de toda dualidad entre ser y no-ser, sujeto y objeto, creador y creación.
Ein Sof podría encontrar analogía y correspondencia en "El Uno" del neoplatonismo y gnosticismo, en "Brahman" del hinduismo, y en "Adi-Buddha" del budismo mahayana y vajrayana,
Cabalísticamente este concepto afirma que Dios no puede ser comprendido con el pensamiento, con la fe ciega ni tampoco descrito con una palabra. Sin embargo, el ser humano puede aproximarse progresivamente a la realidad divina suprema mediante un proceso de desarrollo y transformación espiritual en donde la conciencia trasciende gradualmente sus propias limitaciones y accede a niveles cada vez más profundos de comprensión, contemplación y experiencia de lo trascendente.
La primera Sefirá, Kéter (Corona), se concibe como la primera emanación de Ein Sof, constituyendo el punto liminal entre el Absoluto infinito e incognoscible y el orden de la manifestación. Representa la voluntad divina primordial, anterior al pensamiento, al intelecto y a toda diferenciación, mediante la cual lo infinito comienza a expresarse en el ámbito de lo manifestado. Desde otra perspectiva cabalística, Kéter no constituye algo separado del Ein Sof, sino que expresa su propia voluntad infinita y, por consiguiente, participa de su esencia. De este modo, Kéter puede comprenderse simultáneamente como la primera emanación del Infinito y como la manifestación más inmediata de su esencia trascendente.
"Sabed que todo lo visible y todo lo que puede ser captado por los sentidos del corazón es limitado, y todo lo limitado tiene un fin. Por lo tanto, aquello que no es limitado se llama "Infinito", "Ein Sof", y esto es la igualdad perfecta en la unidad absoluta, en la cual no hay cambio. Y si es ilimitado, no hay nada más allá de él. Y puesto que es sumamente exaltado, es el origen/raíz de todo lo oculto y revelado".
[Azriel de Gerona]
Correspondencias universales
La Cábala concibe al universo como una totalidad orgánica, jerárquica y totalmente interconectada por medio de distintos planos de existencia, los cuales no constituyen realidades aisladas sino que expresiones diferenciadas de una misma estructura metafísica. De esta concepción surge la doctrina de las correspondencias universales, un fenómeno en donde leyes, fuerzas, elementos, números y cualidades encuentran su equivalente en otros niveles de la manifestación.
Desde esta perspectiva, el universo constituye un macrocosmos, mientras que el ser humano es concebido como su microcosmos: una reproducción en escala del orden universal y que nos recuerda a las clásicas leyes herméticas, "como es arriba, es abajo, como es adentro es afuera". Lo que se manifiesta en el firmamento encuentra su correspondencia en el organismo humano; lo que opera en el plano elemental posee un reflejo en la psique; aquello que se expresa mediante un planeta puede encontrar su equivalente en una facultad, un metal, un color, un órgano o una determinada modalidad de conciencia.
El Árbol de la Vida, retornando a él, funciona como un gran mapa que registra todas estas correspondencias; planetas, signos zodiacales, elementos, colores, metales, números, letras, sonidos, formas geométricas, órganos y partes del cuerpo, estados de conciencia, virtudes, facultades psíquicas y principios espirituales.
El iniciado aprende así a leer el universo como un lenguaje simbólico, susceptible de ser descifrado, interpretado y decodificado. Desde una perspectiva más trascendentalista, el conjunto de estas correspondencias representa una tentativa de reconstruir, dentro de la multiplicidad fenoménica, la trama unitaria de relaciones que vincula lo cósmico, lo humano, lo divino, lo psíquico y lo espiritual.
Así entendemos que la magia ritual y ceremonial, así como diferentes disciplinas esotéricas, constituyen la dimensión operativa para descifrar estos misterios. Si la Cábala proporciona un mapa simbólico de las fuerzas que estructuran la realidad, la práctica mágica pretende establecer una relación activa con dichas fuerzas.
Por ello es que los cabalistas ejecutan prácticas diversas para dichos fines: astrología y mapeos de los cuerpos celestes, estudios numerológicos, tarot, gematría, notaricón, temurá, invocación y evocación de entidades o potencias espirituales, recitación de fórmulas sagradas, empleo y consagración de talismanes, amuletos y sigilos, purificaciones y consagraciones rituales, trabajo con las sefirot y los senderos del Árbol de la Vida, teurgia, angelología, rituales de protección, operaciones de magia ceremonial y diversas otras técnicas destinadas a establecer, activar o modificar las correspondencias entre los distintos planos de la existencia.
Ángeles y Seres Sobrenaturales
"Y alcé mis ojos y miré, y he aquí un varón vestido de lino, y ceñidos sus lomos de oro de Ufaz. Su cuerpo era como de berilo, y su rostro parecía un relámpago, y sus ojos como antorchas de fuego, y sus brazos y sus pies como de color de bronce bruñido, y el sonido de sus palabras como el estruendo de una multitud. Y sólo yo, Daniel, vi aquella visión, y no la vieron los hombres que estaban conmigo, sino que se apoderó de ellos un gran temor, y huyeron y se escondieron. Quedé, pues, yo solo, y vi esta gran visión, y no quedó fuerza en mí, antes mi fuerza se cambió en desfallecimiento, y no tuve vigor alguno".
En un intento por clasificar estas ramas, la cábala nos habla de distintos grados y jerarquías angelicales.
El sistema de Maimónides, por ejemplo, establece diez grados de seres angélicos cuya secuencia exacta, de mayor a menor, es:
1. Ḥayyot ha-Qódesh (חיות הקודש). El nombre se traduce como "Santas Entidades Vivientes". Ellos son los ángeles superiores, los más cercanos a la conciencia divina, y por ende, los que configuran los planos de existencia más alta. Al percibirse o manifestarse se les describe como entidades tetramorfas, es decir, de cuatro formas. Por ejemplo, tienen cuatro alas y cuatro rostros (uno de hombre, uno de león, uno de buey y uno de águila).2. Ofanim (אופנים): Se describen como ruedas extraordinarias, una dentro de otra, cubiertas de miles de ojos y capaces de desplazarse en todas las direcciones sin necesidad de girar como una rueda ordinaria. Ellos son el movimiento, la dinámica de las físicas, el desplazamiento divino.3. Erelim (אראלים): Transmiten órdenes y voluntades divinas. Estrato de intermediación y administración del orden cósmico.4. Ḥashmallim (חַשְׁמַלִּים): Funcionan como manifestación y transmisión de la potencia divina, haciendo operativa la influencia procedente de los niveles superiores dentro de la estructura celestial. Se les describe como ángeles luminosos, ígneos y resplandecientes sin forma definida.5. Serafim (שְׂרָפִים): Seres de fuego alados de seis alas: dos cubren el rostro, dos los pies y dos sirven para volar. Ellos son agentes de purificación divina, limpiando y destruyendo contaminaciones mundanas.6. Mal'akhim (מַלְאָכִים): Mensajeros. Si bien es cierto que el término se utiliza de forma indiscreta y en términos generales, pues le llamamos "ángel" a todos estos seres, en estricto rigor, los Mal'akhim son una clase específica o concreta dentro de la cosmología judía y cabalística. Cuando una voluntad divina debe entrar en relación con el mundo físico, son los ángeles quienes operan y se manifiestan. Por eso en el lenguaje popular se le terminó llamando "ángel" (mensajero) a todos estos seres, pues son los emisarios básicos que entra directamente en contacto con una persona. Cuando aparecen interactuando con humanos, suelen adoptar una apariencia humana o humanoide, muchas veces resplandeciente o con un aura ígnea.7. Elohim (אֱלֹהִים): Poder, autoridad, gobierno. Ellos ejercen órdenes o mandatos en los planos inferiores. El término no debe confundirse con el Elohim tradicional. No existe una forma física específica establecida para esta categoría.8. Bene Elohim (בְּנֵי אֱלֹהִים): Seres celestiales que forman parte de un séquito o consejo divino, como si fuesen los líderes de un consejo celestial. No poseen una forma propia definida; aparecen como seres celestiales de aspecto humano cuando se manifiestan.9. Querubín (כְּרוּבִים): Guardianes que custodian lo sagrado y que protegen los límites entre el ámbito divino y el mundo material. Se les describe como entidades aladas con características humanas y a veces con forma animal, o bien, híbridos. El término proviene del asirio kurību (protector), ya que en las religiones mesopotámicas también se encuentran estos seres. IMPORTANTE: Los querubines infantilizados en el arte renacentista no responden a las descripciones ni a las funciones canónicas, sino que constituyen una reinterpretación iconográfica posterior, influida por la tradición artística grecorromana de los putti, niños rechonchos, desnudos y con alas.10. Ishim (אִישִׁים): Semejantes a hombres. Este es el nivel que se encuentra más próximo a la condición humana. Estos seres se aproximan al grado de conocimiento propio del ser humano, y se vinculan con la revelación y comunicación.
- un periodo de 5 días del año (Ángel del Nacimiento), ya que los 72 ángeles se distribuyen sobre los 360 días del ciclo zodiacal, de modo que a cada uno le corresponden cinco días.- un conjunto de días emotivos (Ángel del Corazón), ya que los ángeles tienen un dominio, sentimiento o disposición interior específica.- y un segmento de 20 minutos al día (Ángel del Intelecto), ya que los 72 ángeles se distribuyen sobre las 24 horas, correspondiéndole 20 minutos a cada uno.











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