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miércoles, 30 de octubre de 2019

Características y creencias principales del Gnosticismo


¿Qué es el Gnosticismo?

Si hablamos de espiritualidad, filosofía y búsqueda del conocimiento divino, debemos detenernos de manera obligatoria para hablar de las corrientes y cultos Gnósticos, los cuales han tenido un rol protagónico a lo largo de la historia por la lucha del libre pensamiento.

En sí, el Gnosticismo corresponde a varias escuelas filosóficas y espirituales surgidas específicamente a partir del siglo I de nuestra era. Estos grupos Gnósticos se caracterizaron por tener grandes contrastes teológicos con la Iglesia Católica, puesto que no solo se dedicaron a refutar y a contradecir el dogma cristiano (y judío), sino que también estudiaban y preservaban conocimientos de otras naciones, como Egipto, Grecia, Siria, India, Persia, Mesopotamia etc, razones por las que fueron considerados "herejes" y "paganos". A pesar de ello, estos grupos tuvieron gran difusión, ramificándose en diferentes escuelas y cultos. 

El término Gnosticismo proviene del griego "γνωστικός", que puede traducirse como "conocimiento".



Breve reseña histórica:

A lo largo de la historia siempre han existido cultos y escuelas de misterio, las cuales se han encargado de preservar y de transmitir antiguos conocimientos sagrados. 

Entre ellos, tenemos a una rama teológica y esotérica con fuertes influencias platónicas y pitagóricas, que comenzaron a emergir alrededor del Mediterráneo (a partir del siglo I de nuestra era). Estos cultos también tenían relación y contacto con aquellos de origen sirio, mesopotámico y persa, debido principalmente al intercambio cultural producido por las conquistas de Alejandro Magno. 

Así, en el sistema gnóstico, se entremezclan creencias cristianas, judaicas, orientales y griegas. Históricamente se cree que el Gnosticismo como tal, nace en un crisol iraní-mesopotámico, para luego trasladarse a tierras hebreas donde se mezclaría con el dogma judío, y posteriormente, terminar teniendo contacto con el cristianismo emergente.

Estos grupos fueron llamados Gnósticos, palabra que, según el contexto, puede significar "conocimiento", "búsqueda de conocimiento", "intelectual" o "erudito".

Los Gnósticos nunca impusieron una religión, pero sí tenían cimentadas las bases de sus propias creencias, las cuales unificarían con el dogma judeocristiano.

El cristianismo oficial no aceptó las doctrinas gnósticas, debido a que sus postulados diferían notablemente con la doctrina judeocristiana tradicional. Incluso la iglesia primitiva llegó a temer el peligro que el gnosticismo pudiera infundir contra sus fieles.

Características y creencias del Gnosticismo


A grandes rasgos, los Gnósticos postularon que existe un Dios supremo, remoto, perfecto e infinito, llamado "Mónada", el cual reside en un estado de plenitud absoluto, el "Pléroma". Los textos Gnósticos nos dicen que a esta divinidad también se le conoce como: "El Uno" o "Dios Padre", y nos narran sobre su perfección y pureza innata:

"El Uno es un soberano que no tiene nada sobre él. Es Dios y Padre de todos, el Uno Invisible que está sobre todo, que es imperecedero, que es luz pura que ningún ojo puede ver. Es el Espíritu invisible. Uno no debería considerarlo como un dios, o igual que un dios. Pues es más grande que un dios, porque no tiene nada sobre él y ningún señor sobre él. No existe dentro de nada que sea inferior a él, ya que todo existe únicamente dentro de él. Es eterno, toda vez que no necesita nada. Porque es absolutamente completo: nunca ha carecido de nada para ser completo. Sino que siempre ha sido absolutamente completo en la luz. Es ilimitable, toda vez que no hay nada ante él que lo limite. Es insondable, toda vez que no hay nada ante él que lo sondee. Es inconmensurable, toda vez que no había nada ante él que lo midiera. Es inobservable, toda vez que nada lo ha observado. Es eterno, y existe eternamente. Es inexpresable, toda vez que nada podía comprenderlo para expresarlo. Es innombrable, toda vez que no hay nada ante él que le dé nombre. Es la luz inconmensurable, pura, santa, brillante. Es inexpresable, y es perfecto en su inmortalidad. No es que forme parte de la perfección, o de la bienaventuranza, o de la divinidad: es mucho más grande. No es corpóreo ni incorpóreo. No es grande ni pequeño. Es imposible decir: “¿Cuánto es?” o “¿De qué clase es?” pues nadie puede comprenderlo. No es una entre muchas cosas que existen: es mucho más grande. No es que sea realmente más grande. Sino que como es en sí mismo, no es una parte de los mundos o del tiempo, porque cualquier cosa que es parte de un mundo fue producida una vez por otra cosa. No le fue asignado tiempo, toda vez que no recibe nada de nadie. Eso sería un préstamo. El que existe primero no necesita nada de uno que es posterior. Al contrario, el posterior alza la vista hacia el primero en su luz. Porque el Perfecto es majestuoso: es pura e inconmensurablemente grande. Es el Mundo que da un mundo, la Vida que da vida, el Bendito que da bienaventuranza, el Conocimiento que da conocimiento, el Bueno que da bondad, la Misericordia que da misericordia y redención, la Gracia que da gracia. No es que sea realmente así. Sino que da luz inconmensurable e incomprensible."

 

El Dios Padre emanaba de si mismo un poderoso y perfecto "Espíritu Virgen", el cual le permitió expresar su deseo de crear. De este modo, el Dios Padre concibió a una serie de deidades menores, los cuales también heredaron la perfección y sabiduría de su "progenitor". Estos seres son conocidos como los "Eones", y el primero fue "Barbēlō". Dios Padre, el Espíritu Virgen y Barbēlō fueron la trinidad que permitió la creación del resto de Eones, quienes se dividieron en jerarquías y reinos (o cielos). No se podía concebir el acto de crear sin antes, tener el poder, la voluntad y la autorización del Dios Padre y de su Espíritu Virgen, ningún Eón tenía la capacidad necesaria ni la fuerza para crear por su propia cuenta.

El último Eón que surge de estos actos creativos, es "Sophia". El Gnosticismo explica que Sophia transgrede el principio creativo, e intenta crear sin la autorización ni voluntad del Dios Padre. Debido a este acto impetuoso, la creación de Sophia fue imperfecta, impura y defectuosa; el resultado, fue una deidad al que llamaron "Jaldabaoz" o "Yaldabaoth", apodado el Demiurgo, y conocido por los judeocristianos como Yahvé (las razones están explicadas más abajo).

Sophia fue expulsada del Plénoma, y por ende; comenzó a perder su divinidad, muriendo poco a poco. El Demiurgo por su lado, al ser obra de una creación imperfecta e impetuosa, no tenía ni la más mínima chispa de divinidad en su interior, de hecho; es la antítesis máxima del Dios Padre. Si el Dios Padre era perfección, amor, espiritualidad y armonía, Yaldabaoth era imperfecto, destructivo, celoso, arrogante y guardaba un profundo odio dentro de sí, incluso los mismos textos gnósticos lo catalogan como "estúpido" e "ignorante". El Demiurgo es poderoso y fuerte, eso es innegable, incluso adquirió el verbo creador, pero no contaba con las facultades divinas de sus antecesores ni con el favor del Dios Padre, por ende, todo lo que cometía era imperfecto e impuro. 

El Demiurgo no puede acceder al Pléroma y ni siquiera sabe cómo es, puesto que su imperfección es tan grande, y sus sentimientos tan densos, que no es capaz de siquiera saber cómo funciona ni quién rige allí. Por ende, el Demiurgo intentó replicar el Plénoma, pero terminó fabricando un mundo imperfecto, una burda imitación de lo que era el mundo espiritual del que procedía su madre y sus antecesores. El Demiurgo creó el mundo, condenando la existencia del hombre a una prisión de carne (el cuerpo), además es el responsable de permitir que exista el pecado, el sufrimiento, la maldad y la muerte.  La maldad y el sufrimiento existen porque el mundo no fue creado por un dios perfecto, sino que, justamente, por un dios imperfecto y cruel, quien castiga y azota a los humanos para desquitarse de su destino, el Demiurgo creó a los hombres para maltratarlos, y la materia para ser degradada

"De esta manera toda la creación fue esclavizada para siempre, desde el principio del mundo hasta ahora".

 

La gnosis asume claramente que el mundo en que habita el ser humano es malo. En él, el hombre está sometido al vaivén de las circunstancias: la enfermedad, el dolor, el sufrimiento, el envejecimiento y, al final, la muerte. Por eso, el gnóstico querrá transcender el mundo material, que le encadena. 

Un dios supremo, divino y perfecto, como aclaman las religiones abrahámicas, no pudo haber creado un mundo imperfecto como este, ni mucho menos pudo haber permitido el origen de la maldad, el sufrimiento y la muerte. La explicación, para los gnósticos, era que el Creador de nuestro cosmos era perverso e imperfecto, y que por ende, había dado lugar a una creación malvada e impura, permitiendo a su vez que la maldad predominase. 

Encima, el Demiurgo en su máxima expresión de estupidez, soberbia y arrogancia, se declaró a si mismo como un "Dios", y siempre inculcó en los hombres la obligación de no adorar a otros dioses, y que él es, supuestamente, el único dios verdadero y existente, y siempre se encargó de oprimir y de perseguir a quienes adorasen a otros dioses, aunque eso lo llevase a cometer horribles genocidios, infanticidios y masacres, como las narradas en el Antiguo Testamento, claramente eso no es acción de un dios bondadoso, misericordioso y amoroso.  

El Demiurgo dijo muchas veces que él era un Dios celoso, y que no hay ningún otro Dios aparte de él. Esto claramente nos sugiere que efectivamente hay otro dios,  pues si no hubiera otro dios, ¿de quién estaría celoso?

Debido a esto, los Gnósticos:

a) desarrollaron una doctrina llamada Dualidad sobre: 
 materia-espíritu y Dios-Demiurgo (explicadas más abajo) 

b) y estaban firmemente aferrados a la idea de rechazar el mundo físico en pos de buscar la autosalvación del alma, adquiriendo conocimientos para despertar la conciencia interior. 

La salvación Gnóstica radica en apartarse del mundo físico (considerada una ilusión y una corrupción), y abrazar las cualidades divinas dentro de uno mismo, invitando al estudiante e iniciado a nutrirse de todo aquel conocimiento que resultase enriquecedor para el alma, saciando el hambre espiritual. Y este es precisamente el objetivo de la Gnósis: la autosalvación mediante el conocimiento, por lo tanto, el conocimiento es sinónimo de vida, y el conocimiento es un instrumento que debe llevar a recuperar la perfección. El conocimiento nutre el alma, y el alma es el vehículo necesario para acceder al plano divino del cual fuimos apartados, y es por ello que consideran que el alma es una "chispa de divinidad", y que difiere del cuerpo físico que es imperfecto, corruptible y pasajero. El movimiento Gnóstico desarrolló una filosofía llamada "Dualidad", la cual separa el alma o espíritu (que es perfecto y divino) de la materia física (que imperfecta, el origen del mal), y esta Dualidad a su vez también separa al dios supremo, amoroso y benefactor (Mónada), de aquel Demiurgo mal intencionado, destructor y tirano, quien además encadenó al hombre a las pasiones materiales. Es por esto, que la misión del hombre es liberar su espíritu de esta materia vil, y poder ascender a través de los muchos cielos hasta llegar al Pleroma o divinidad (similar al Saṃsāra y al Nirvana Oriental, enseñanzas compartidas por Platón).

También, se plantea que el cuerpo humano pertenece al mundo de los poderes mundanos inferiores (los arcontes: un tipo de demonio que ayuda al Demiurgo), y que solo el alma podría tener acceso a la salvación y a los planos divinos. Como dijo Platón; "el cuerpo es  la cárcel del alma". 

El mal y la perdición están ligados a la materia, ya que la materia es imperfecta, terrenal, se corrompe y descompone, la materia es el origen del mal y de la contaminación, por el contrario, todo lo divino y lo perfecto pertenecen al plano espiritual, el cual hay que desarrollar y nutrir.

Los Gnósticos también clasificaron a las almas humanas en tres categorías (en orden jerárquico):

1) En el puesto más alto de la jerarquía humana, se encuentran los "Iniciados" o "Iluminados", o en griego: "Pneuma", que significa "Espíritu" o "Inspiración". Esta categoría corresponde a las personas que sirven de "puente" entre el mundo divino y el mundo material. También son personas que están luchando por despertar la "chispeza divina", concientes también de que el mundo material no puede ser compatible con los estados divinos, y que el cuerpo y el mundo son un estado de embriaguez que pretende desviar a las almas a la perdición, a la infelicidad, al sufrimiento y la imperfección. Los "Pneumáticos" sienten una continua sensación de exilio de este mundo, por ende, se concentran en la búsqueda de conocimiento y en la necesidad de nutrir el alma, entendiendo que el autoconocimiento es la única forma de salvación. Sus mensajes tienen inspiración divina puesto que descubrieron la "gnósis" interior, llegando a descubrir enseñanzas que otros simplemente no pueden. (Nota: Aquí podríamos encontrar a personas como Helena Blavatsky, Platón, Pitágoras, Confucio o Buda)

2) En la categoría intermedia, se encuentran aquellos hombres de espíritu sensible, concientes de la necesidad espiritual pero carentes de otros medios para efectuar la verdadera experiencia de la Gnosis. Estos pueden salvarse si toman como guías a los primeros. Aquí encontramos a los iniciados y aprendices, quienes se nutren y replican las enseñanzas de otros para poder nutrir y ahondar sus conocimientos. Ellos no son maestros ni iluminados, pero sí están concientes del mundo espiritual y muestran interés y preocupación por él, pueden llegar a ser grandes autores, pensadores, ocultistas e investigadores, puestos que tienen la capacidad de discernir y sumergirse en este mundo. De igual modo estas personas están lejos de ser individuos comúnes y corrientes, ya que tienen un intelecto y un raciocinio completamente diferente (Nota: Aquí podríamos encontrar a personas como William Judge, Henry Steel Olcott, Eliphas Levi o Giordano Bruno).    

3) Finalmente, tenemos en la escala más baja, a aquellas almas  atraídas por las necesidades corporales, de las cuales obtienen un placer malsano. Estas personas no tienen interés en la espiritualidad ni se interesan por la búsqueda de conocimiento, y dado a su indiferencia e ignorancia; se considera que no tienen salvación, pues están completamente aferradas al mundo físico y material. Cuando un alma se somete a las pasiones de la carne ella no percibe lo espiritual, y es en este sentido ella misma se «vuelve carne». Cito a Miranda, H. C. (1991). "O Evangelho de Tomé – Texto y Contexto", donde hace una definición de estos hombres:

"El mal era seguir en el estado de embriaguez, inconsciencia, de muerte espiritual y además no hacer nada o poco por salir de él. Era dejar de trabajar y ejercitar la mente y los sentimientos, y de dominar los reclamos del cuerpo, para poder seguir las reglas de una vida dedicada al bien y al conocimiento de sí mismo y del mundo, en los mismos términos que Jesús [y otros maestros antiguos] indicó. Era seguir preso en las redes de todas las distracciones, tentaciones y placeres momentáneos y personales que el mundo ofrece. Era, por incuria, flojera o apego a las cosas del mundo dejar que se volviera en tinieblas la chispa divina".

 

El mundo inteligente y el material están en oposición; y entre ellos está el alma humana, que pertenece a ambas esferas, luchando por elevarse a un plano superior o por permanecer cegado e ignorante.




Diferencias teológicas con el judeocristianismo:

Próntamente, estos grupos comenzaron a estudiar  y a analizar los dogmas de una nueva religión emergente en aquellas tierras: el cristianismo, algunos gnósticos rechazaban y criticaban esta religión, mientras que otros la acogían, intentando conciliar ambas creencias, al igual como hicieron anteriormente con el judaísmo (que fue profundamente estudiado por las ramas gnósticas). Algo que está claro, es que sin importar la postura de los Gnósticos, ambas corrientes, tanto las judeocristianas como las no judeocristianas: fueron catalogadas herejes y paganas por la iglesia católica, debido a los grandes contrastes, críticas y refutaciones que los gnósticos en general cometían contra el dogma judeocristiano, atentando las creencias tradicionales.

A diferencia de la gente medieval que estaba sometida bajo el yugo de la Iglesia Católica, y que no podían leer la Biblia por sí mismos, los intelectuales gnósticos de los primeros siglos de la era cristiana sí tenían acceso a todas las escrituras bíblicas, y las podían estudiar libremente. 



Si desea leer más información al respecto, y conocer todas las contradicciones e irracionalidades del dogma cristiano, lo invito a leer el libro del filósofo greco-romano Celso: "El discurso verdadero contra los cristianos", haciendo click aquí abajo: 


Recomiendo empedernidamente leer este libro, puesto que aclarará en profundidad y detalle a detalle lo que escribiré a continuación. 




Una de las creencias Gnósticas que contrastó gravemente con los dogmas judeocristianos, fue el postulado sobre el Demiurgo, aquel dios imperfecto, malévolo y cruel que creó el mundo. Los Gnósticos pues, identifican al Demiurgo con la figura de "Yahvé", el dios judeocristiano, de aquí proviene la doctrina de la "Dualidad". En el judeocristianismo, la Creación del mundo y del hombre fue buena, pero había sido corrompida por el pecado de Adán y Eva (Génesis 1-3). La gnosis por su parte, defendía la idea de que la Creación es mala, y que había sido obra de una divinidad perversa, el Demiurgo "Yahveh". Este fue quien produjo el mal al enorgullecerse de su obra, o por otro lado; simplemente no tenía el poder necesario para crear una obra perfecta y pura, ya que él era un ser inferior al dios supremo y perfecto. La creación sería, así, un proceso degradante que va de Dios espíritu hasta la materia. 

Los gnósticos sabían que la Biblia hebrea, es decir; el antiguo testamento, se encuentra repleto de genocidios, infanticidios, masacres, sacrificios, actos de barbaridad y conductas tiránicas: todas cometidas y protagonizadas por Yahvé. Este dios no refleja la pureza, divinidad y amor que debería tener un dios supremo, al contrario: refleja justamente las maldades, dolores y horrores de un dios imperfecto y malicioso, cuyos atributos no fueron suficientes para crear un mundo perfecto y pacífico. 

Por lo tanto, el dios supremo, que es bondad y perfección absoluta, no pudo haber concebido este mundo lleno de caos y muerte. La explicación para los gnósticos, era que el Creador de nuestro cosmos era un ser perverso e imperfecto, y este es el responsable del mal en la Tierra y en la materia. La personalidad del Demiurgo coincide plenamente con el carácter y las obras de Yahvé en el antiguo testamento, y la misma Biblia da un amplio testimonio de que el supuesto padre amoroso de los Judíos y los Cristianos ("y de Jesús"), tiene una naturaleza sádica y malvada. 

Es por ello que los Gnósticos desarrollaron su creencia de la Dualidad: separando la perfección de aquel dios supremo y perfecto que identifican con Mónada, de aquel Demiurgo cruel e imperfecto; el creador de la materia y el origen del mal. 

La materia es mala, imperfecta, impura, corrupta y pasajera, la materia crea los ambientes necesarios para el padecimiento del dolor, de la crueldad, de la maldad y de la muerte, y esto no pudo haber sido concebido por un dios amoroso, todopoderoso y supremo. ¿Cómo es que el tradicional dios judeocristiano, dotado supuestamente de todos los atributos de perfección, conocimiento, inteligencia, amor, y omnipotencia, habría permitido la existencia del mal? ¿habría sido él mismo el responsable de crear y permitir la maldad, dado que es el Creador por excelencia?  Ahora, si dios es omnipotente: todo lo ve y todo lo sabe; ¿acaso no sabía que Adán y Eva comerían del fruto prohibido? ¿o es que él mismo buscaba que el hombre pecase para así poder castigarlo y hacerle sufrir por la eternidad? ¿Por qué este dios que todo lo sabe castigaría al humano (Génesis 3:16-19) primero por tentarlo, y luego por desobedecer, a sabiendas de que ello ocurriría? ¿o es que simplemente la materia es mala y el hombre es pecador porque es el reflejo de un dios malo e imperfecto? ("Hechos a imagen y semejanza").  

Los judeocristianos suelen citar la Biblia de manera selectiva, escogiendo versos que hablen de amor y bondad, pero ignoran, o más bien; evitan hablar sobre el resto de pasajes que esconden la verdadera personalidad de Yahvé, y por lo tanto sus ministerios e iglesias son engañosos. Los cristianos están dispuestos a inventar cualquier excusa para justificar la conducta perversa y el actuar de su dios misántropo.

Por esto es que el Gnosticismo fue considerado herejía, ya que se dedicaron a criticar y a refutar las doctrinas sobre el dios supremo del judeocristianismo.

 Por ende, aquí surgen algunas conclusiones gnósticas: 
  • El dios Yahvé es en realidad el Demiurgo: ambos dioses guardan una personalidad maliciosa y cruel, y fueron los responsables de crear un mundo caótico e imperfecto, donde predomina el dolor y la maldad. Ambos pudieron haber evitado de alguna u otra forma el sufrimiento y el pecado, pero no lo hicieron. Por lo tanto, Yahvé no es un dios amoroso, ni tampoco es omnipotente, y en el Antiguo Testamento existen muchas lagunas y vacios que prueban esto. Además, han condenado nuestra chispeza divina a un cuerpo físico, alejándonos de la perfección.
  • Todas las características y atributos de Yahvé, apuntan a que no es un dios supremo, sino uno menor e imperfecto, quien emergió de la Mónada para representar concretamente todo lo contrario a la perfección, siendo una especie de antítesis cuya personalidad queda revelada en el antiguo testamento (entre tantos pasajes de masacres y genocidios).
  • Si el Demiurgo es Yahvé, y Yahvé no es un ser perfecto, omnipotente, todopoderoso y amoroso, tampoco puede ser el padre de Jesús. Jesús profesó en el Nuevo Testamento ser el hijo de un dios universal de la compasión y el amor, que mira a la humanidad con benevolencia y misericordia. Las personalidades de ambos dioses difieren fuertemente, y muchos cultos Gnósticos creían que se trataba de seres completamente diferentes: uno el Demiurgo Yahvé, malévolo y genocida, y otro dios Supremo y Perfecto, quien envió a Jesús para abolir la ley judía (y por lo tanto para eliminar los mandamientos y doctrinas de Yahvé). El Dios de la Biblia hebrea era inconsistente, celoso, iracundo y genocida, y el mundo material que él creó es defectuoso, un lugar de sufrimiento; el dios que hizo un mundo así es un Demiurgo malicioso y cruel, y el envío de Jesús a la Tierra por un ser superior fue para encomendar los errores cometidos por el Demiurgo.

Las religiones bíblicas comparten la tesis de que el ser humano está inserto en un mundo inhóspito, pero no atribuyen tal hecho a una maldad intrínseca de la Creación, sino a un pecado primigenio, el de Adán y Eva, que trastornó el orden del universo. Así, tanto el judaísmo (Génesis 3) como el cristianismo (Romanos 5:12) o el Islam (Sura 2, 30-39) creen que la materia era primigeniamente buena, y que sólo se ha convertido en algo no malo, pero sí dispensador de amarguras y pesares, por culpa del hombre pecador. Pero para los Gnósticos, quedaba excluida la idea del pecado o la falta original de Adán y Eva. El hombre no tenía necesidad de respetar a un creador malicioso y perverso, sino que combatirlo en un esfuerzo por volver a su lugar primigenio; la divinidad. 


La imagen de Jesús tampoco queda fuera de la polémica Gnóstica. La idea de un Redentor (Mesías) no era necesaria para conseguir la "salvación". No existía una culpa que redimir, sino una situación material y tenebrosa que aprisiona al ser humano por culpa del Demiurgo. Para el gnóstico, la idea de un Dios o ser divino encarnado, y posteriormente muerto por el hombre era repugnante y ridícula. Los Gnósticos rechazaron la creencia de que el sacrificio de Jesucristo sirvió para rescatar nuestras almas, dado que un ser divino y perfecto no podría encarnar en un cuerpo material, que es imperfecto y corruptible, ni mucho menos sufrir daños y dolores que solo pueden afectar a un hombre de carne.

Aquí el pensamiento con respecto a Jesús difiere en varias categorías:

a) Jesús no fue un ser celestial ni divino, sino que un hombre común y corriente que alcanzó un grado de conocimiento magistral, y que luego se dedicó a predicar para así poder encender la llama divina dentro de cada hombre y despertar el interés espiritual. El resto, muchos de los milagros, atributos y obras sobrenaturales fueron creadas por la iglesia, quien divinizó a Jesús y lo transformó en una figura celestial (cuyos atributos, vida, obra y muerte fueron plagiados de otros dioses y héroes antiguos como argumentó detalladamente Celso). 

b) Jesús sí fue un ser divino, pero como la divinidad es perfecta, no podía ser hijo de Yahve, sino que un enviado del Dios Padre para encomendar los errores del Demiurgo, además, la perfección divina no podría encarnar la imperfección terrenal, por lo que Jesús jamás tuvo un cuerpo humano, sino que uno ilusorio. Esta doctrina se conoce como "Docetismo", otro de los pensamientos gnósticos perseguidos por la iglesia y tratado de herejía. El Docetismo enseña que Jesús era tan divino que no podía haber sido humano, ya que la divinidad carece de un cuerpo material. Jesús solo parecía ser un hombre de carne y hueso. 

c) Finalmente, que Jesús era un hombre en la carne, pero Cristo fue una entidad separada y divina, la cual entró en el cuerpo de Jesús, quien ya estaba espiritualmente preparado, y lo autorizó a realizar milagros que solo una divinidad podría ejecutar, y posteriormente lo abandonó tras su muerte en la Cruz. Esto también se menciona en el Apocalipsis Gnóstico de Pedro y en el Segundo Tratado del Gran Set. Es interesante notar que los gnósticos tenían noción de la verdadera muerte de Jesús, entendiendo la diferencia que existía entre su cuerpo etéreo y su cuerpo físico. Al momento de la crucifixión, el cuerpo de Jesús fue separado de toda forma de vida física y su conciencia temporalmente cayó en un profundo sueño, separándose de su cuerpo, similar a lo que explica el Budismo con el Nirvana y la Trascendencia. Es por ello que este texto dice que "otro" fue crucificado en su lugar, puesto que Jesús ya había abandonado su cuerpo físico, lo que explica su ascensión y posteriores apariciones. Cuando se habla de aquel "otro" o de un "doble", no es literal. De hecho, en otro texto Gnóstico (El Segundo Tratado del Gran Set), Jesús dice: "Para mi muerte, que se cree que ocurrió, ocurrió solo para ellos en su error y ceguera... clavaron a un hombre a la muerte ... era otro sobre quienes colocaron la corona de espinas.

La verdadera misión de Jesús fue transmitir a los humanos el principio del autoconocimiento, que permitía que las almas se salvaran por sí mismas al liberarse de la materia, siguiendo sus enseñanzas (como Buda). 

Para los cristianos gnósticos, Jesús fue uno de los más grandes profetas y maestros, aunque lejos de aquella imagen retratada por la iglesia. Por otro lado, para los gnósticos no cristianos, Jesús fue un fraude garrafal, y el dogma judeocristiano una mezcla de sincretismo y muchas contradicciones, como argumenta Celso principalmente.

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