El Antiguo Testamento fue una excelente herramienta de manipulación y control de masas. Sirvió específicamente para fomentar la unión e independencia del pueblo hebreo como nación soberana, permitiéndoles también tener un dios y una religión oficial, la cual masificaron y portaron con orgullo. Muchos estudiosos establecen que su creación respondió a los numerosos conflictos que atravesaba el Reino de Judá alrededor del año 600 a.n.e, fecha que coincide exactamente con la datación de casi todos los libros del Antiguo Testamento.
Es por ello que si hacemos un análisis de este libro, encontraremos inevitablemente una cantidad inmensa de contradicciones, plagios, sincretismos y eventos que en realidad nunca ocurrieron, pero que aún así los creyentes portan como si fuese una verdad absoluta e innegable. Y un ejemplo muy claro sobre esta situación, es la supuesta esclavitud sufrida por los israelitas en Egipto, que posteriormente daría origen al Éxodo de Moisés, una de las principales creencias abrahámicas, si no la más importante. Sin embargo, durante décadas la mayoría de los investigadores han acordado que no hay evidencia que sugiera que la narrativa del Éxodo refleje un evento histórico real, al contrario, encontramos muchas evidencias que contradicen lo narrado por la Biblia.











